Ecosistemas regionales: ¿Es el ámbito regional el más adecuado para fomentar la innovación?


En los últimos años, las políticas europeas han planteado como objetivo el necesario impulso a la innovación, como vehículo para el desarrollo de tejido productivo, el aumento de la competitividad y, en suma, el crecimiento económico y social. Sin embargo, se ha demostrado que hay muchos factores que deben tenerse en cuenta a la hora de valorar una realidad, la de los ecosistemas de innovación, que, sin querer ser pesimistas, lo cierto es que está resultando esquiva con las expectativas y potencial que podrían presumirse.

Así, en algunos estudios recientes y para campos tecnológicos específicos se ha estudiado la realidad de estos ecosistemas de innovación y las acciones necesarias para impulsarlos. Esto ocurre, por ejemplo, en el Informe EOI IoT 2015Las tecnologías IoT dentro de la industria conectada 4.0”, en el que se propone crear una marca de país en relación con la tecnología IoT y los paradigmas asociados (en particular, Industria 4.0), como el mismo informe recoge que está ocurriendo en otros países de nuestro entorno. Si bien, dado que algunas de las iniciativas en este sentido parecen tener ciertamente un ámbito más restringido y que existen otras también de relevancia en un contexto incluso más próximo que se desarrollan a nivel regional (por ejemplo, País Vasco), puede ser interesante reflexionar sobre la oportunidad de considerar este entorno regional como el más apropiado.

Hay varios aspectos que pondría sobre la mesa para intentar analizar el valor de los ecosistemas regionales. Por un lado, teniendo en cuenta el necesario protagonismo de la llamada triple hélice (administración, empresa y universidad) como impulsora y facilitadora del proceso de innovación, el contexto regional ofrece ventajas importantes a la hora de aprovechar las necesarias interrelaciones entre esos actores. La cercanía social de la administración regional, la fácil identificación de grandes actores empresariales y las posibilidades de fomento de su capacidad de tracción, el conocimiento de un tejido empresarial PYME próximo y la necesaria complicidad con las instituciones de I+D+i de ámbito regional garantizan las mejores condiciones para el impulso necesario. Este contexto obliga, sin embargo, a que el liderazgo de la administración regional resulte esencial, algo que no necesariamente se asume de forma natural y que, en muchos casos, se lleva tiempo esperando.

Si ponemos como ejemplo Castilla-La Mancha, el principal foro del sector TIC en la región, organizado cada Noviembre por el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación, y donde están presentes los actores más relevantes, lleva años reclamando una iniciativa de este tipo, más que necesaria en una región con un importante déficit en cuanto a penetración de las TIC en la empresa, apuesta por la innovación, y, en suma, desarrollo del tejido empresarial.

Por otro lado, la política regional de la UE (la de mayor poder inversor) ha establecido claramente la obligación de definir las llamadas Estrategias de Especialización Inteligente para la Investigación y la Innovación (Research and Innovation Strategy for Smart Specialisation, RIS3), de forma que se aproveche de forma eficiente la financiación comunitaria en el ámbito de la I+D+i. Esto es, para poder reclamar las correspondientes ayudas, las regiones han tenido que, basándose en sus fortalezas y potencial, seleccionar un conjunto de áreas sobre las que asegurar que la aplicación de políticas de innovación conducirían al tan deseado desarrollo económico basado en el conocimiento que la UE abandera.

Este ejercicio, realizado más veces a la carrera que con rigor, y en muchas ocasiones sin prever su implantación, ha hecho que, al menos, de nuevo a nivel regional, se disponga de un marco claro sobre el que poder trabajar. También ahora el liderazgo de las administraciones regionales debe ser capaz de impulsar lo que realmente está en el fondo de la definición de la RIS3, más allá de la mera enumeración de las áreas objetivo.

Algunas iniciativas han recorrido igualmente un importante camino en el estudio del papel de los ecosistemas regionales en el ámbito de la innovación. El proyecto eDIGIREGION, financiado por el 7º Programa Marco y en el que participan los actores de la triple hélice de 4 regiones europeas (entre ellas, Castilla-La Mancha), tiene como objetivo la creación de un marco transnacional de cooperación de ecosistemas de innovación regionales que se apoye, además de en las respectivas RIS3, en una de las políticas europeas que se ha ido transponiendo al ámbito no sólo nacional, sino también regional: la Agenda Digital para Europa.

Justo los primeros estudios de este proyecto pretendían analizar casos emblemáticos en todo el mundo de ecosistemas innovadores, rescatando a la vez aquellos elementos que parecían ser justo la razón de su éxito. Ni que decir tiene que el carácter regional (incluso local) aparecía en la mayor parte de ellos.

Por otra parte, el plan de acción desarrollado en eDIGIREGION tanto a nivel regional como interregional/transnacional ha llevado a identificar áreas de interés común que, dado el carácter de las regiones participantes, se centran precisamente en la agricultura (Agricultura Inteligente/de Precisión) y la industria (Industria 4.0), como sectores de especial atención. En ese sentido, el proyecto plantea acciones concretas para, abriendo la necesaria puerta al emprendimiento como fuerza motriz del proceso de innovación, fomentar la creación ecosistemas en esos dos ámbitos.

Ahora bien, tengamos en cuenta que el ecosistema básico en el que vive más de la mitad de la población mundial (y creciendo) son las ciudades. Eso hace que sean precisamente las ciudades el entorno próximo, cercano, en el que el bienestar de las personas, el bienestar social en suma, se plantee de forma más evidente. Luego, ¿no sería el ámbito local el más adecuado para la creación de ecosistemas de innovación más potentes? La evolución del ecosistema urbano, apoyado por la tecnología, va a suponer necesariamente en los próximos años el desarrollo de nuevos productos, procesos y servicios, y, en muchos casos, también novedosos modelos de negocio… La confluencia, de nuevo, de políticas locales (administración), actividad empresarial y generación de conocimiento (universidad) hace que la llamada ciudad inteligente se postule, sin duda, como uno de los ámbitos más proclives para el desarrollo de incesantes y fructíferos procesos de innovación abierta.

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